Por el Oct 1, 2012 en Información Médica, Noticias Generales | 1 comment

Como médico, ¿tratas la diabetes o a un paciente diabético?

Hace pocos días, estaba caminando por el Tec cuando de pronto escuché a un niño gritar: “Mira papá,  ¡PATITOS!” El niño se veía sumamente emocionado al ver caminando por el área de biblioteca a unos 5 o 6 patos pequeños uno tras de otro en fila india. Yo no les hubiera puesto atención a estos simpáticos animalitos de no haber sido por el asombro con el que este niño los veía andar. Así suele pasar cuando uno se acostumbra a cierto ambiente: uno pierde la capacidad de asombro y se vuelve menos impresionable. En el caso de los médicos, esto implica un riesgo muy importante pues ya no se trata sólo de faltarle la atención a unos patitos, sino a la calidad de vida de nuestros pacientes.

¿Qué es la deshumanización?

  • La deshumanización básicamente consiste en una incapacidad de reconocer una mente distintivamente humana en otro individuo. En esta mente de la que hago mención, existen dos dimensiones: la experiencia (el poder sentir dolor y placer) y la agencia (el poder planear y tomar decisiones). Es decir, los pacientes que son deshumanizados por sus doctores son tratados como objetos, donde el doctor ignora el dolor por el cual un paciente cursa durante un procedimiento como también ignora la opinión de él ante la elección de un tratamiento. De tal manera, la deshumanización conlleva una completa falta de empatía por el paciente.

¿Por qué es común dentro de la medicina?

  • Uno de los motivos por los que surge la deshumanización dentro de la medicina es por algo que se llama desindividualización, donde un individuo se percibe como inmerso en un grupo y se vuelve anónimo. Esto ocurre tanto por el paciente –que provoca que quienes lo atiendan lo vean como sólo un enfermo más–, como por el mismo doctor –que al formar parte de un colectivo dentro de quienes trabajan en el hospital, no se siente completamente responsable por el paciente–. Todo esto pone en peligro la calidad de vida de los pacientes.
  • Otra razón por lo que ocurre la deshumanización es por una disminución de la agencia del paciente. La misma naturaleza del paciente implica que, como enfermo, no se encuentra bajo la misma capacidad de hacer planes y de tomar decisiones como alguien que goza de salud. Al acudir al médico, se está poniendo en sus manos para que le ayude a tomar la rienda de su vida de nuevo; sin embargo, esto no quiere decir el médico tiene derecho a dictarle como vivir su vida con tal de recobrar su salud. El paciente debe poder opinar sobre las opciones de tratamiento.
  • La disimilitud entre el médico y el paciente también es motivo de deshumanización. Esto ocurre en tres niveles: 1) disimilitud por el estado diferente en el que se encuentra el médico (salud) y el paciente (enfermedad), lo cual genera dificultad para identificarnos uno con el otro; 2) disimilitud por identificarse con el paciente como la enfermedad que tiene (“el diabético”), en lugar de como la persona que realmente es (“el paciente con diabetes”); y 3) disimilitud en el poder que tiene cada quien en la relación.
  • Mecanización se refiere a cuando el doctor percibe al paciente como una serie de sistemas que interactúan unos con otros, provocando la enfermedad. Esto lógicamente tiene su utilidad dentro del diagnóstico de la enfermedad pero pudiera entrar en conflicto si se trataran de enfermedades psicosomáticas. En este caso, el doctor ignoraría las necesidades del paciente sólo porque en apariencia toda la “maquinaria” parece estar funcionando correctamente.
  • La reducción de la empatía ocurre naturalmente durante la formación del médico. Según ciertos estudios, resulta beneficioso e incluso necesario para la resolución eficiente de problemas. Al despegarnos de nuestros pacientes, uno evita lidiar con el estrés y la culpabilidad de hacer pasar el paciente por procedimientos dolorosos o vergonzosos, pero que muchas veces son necesarios. De esta manera, podemos ocupar nuestras facultades mentales solamente en resolver el problema que presenta el paciente. Sin embargo, yo agregaría que, una vez resuelto el problema, debemos de dirigirnos al paciente, ya no como rompecabezas sino como ser humano. Muy relacionado a esta reducción de empatía, se encuentra la necesidad de desligarnos de la moral –momentáneamente, claro–, esto para poder realizar los procedimientos incómodos que pueden provocarle dolor al paciente.

Aunque para muchos tal vez les resulte fácil en este momento decir que no serán de esos médicos fríos, desligados completamente de sus pacientes, la realidad es que esto tenemos mucho en nuestra contra. Nuestra carrera es una que por su misma naturaleza implica cierto grado de deshumanización, pues es un mecanismo de defensa necesario que nos ayudará a lidiar con todo el estrés con el que nos enfrentaremos día con día. Sin embargo, para no llegar a extremos y evitar convertirnos en aquel médico frío, debemos estar conscientes de nuestra deshumanización. Es algo que debemos tener presente para saber cuándo es indicado practicarla y cuándo no. No es lo mismo tratar la enfermedad del paciente, que tratar con un paciente enfermo.

Para concluir, sólo quisiera ampliar un poco más la perspectiva de la deshumanización, pues –similar al patito que sigue a su madre sin importar a dónde va– es algo que yo creo que nos puede seguir fuera del hospital también. Procuremos no olvidar que siempre que tratamos con alguien, sea nuestro mejor amigo o un completo desconocido, estamos tratando con un ser humano como nosotros; estamos tratando con una persona que carga con sueños y problemas al igual que todos y la interacción que llevemos con él puede ser motivo de una alegría o un estrés más en su día. De esta manera –olvidándonos por un momento de la posible utilidad de la deshumanización en la medicina, y más en nuestro papel de ser humano–, por más difícil que resulte a veces, no olvidemos ser empáticos.

 

Referencia: Sultan, Omar, and Adam Waytz. “Dehumanization in Medicine: Causes, Solutions, and Functions .” Perspectives on Psychological Science . 7.3 (2012): 176-186. Print. <http://pps.sagepub.com/content/7/2/176.full>.

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